La pitaya, una delicia de temporada en el sur de Jalisco

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Techaluta de Montenegro, Jalisco.- Fruta de temporada que brota en el sur del estado de Jalisco en los meses más secos del año, casi como a propósito para refrescar los paladares, es la pitaya un tesoro que a la fecha se niega a poder ser explotado más allá de las fronteras que marca su rápida caducidad.

Techaluta, es el municipio y la cabecera municipal, donde se vive la mayor actividad de la cosecha y venta de la pitaya.

Familias enteras dejan cualquier actividad para dedicarse a cosechar, quitar las espinas, clasificar, acomodar en chiquihuites –canastos tradicionales- con alfalfa (para conservarlas frescas) y finalmente salir a vender de puerta en puerta la fruta que, sólo en una época del año, abunda en los ardientes cerros que rodean la laguna seca de Sayula.



La cosecha es complicada: la actividad se da de madrugada, para que a primera hora ya se hayan despachado a todos los puntos cardinales a los vendedores con sus cargamentos de canastos y cubetas rebosantes de pitayas.

El manejo de las pitayas es, además, otro aspecto a tomar en cuenta: demasiada presión al cosecharla de los pitayeros, cactáceas de alturas entre los cuatro y cinco metros de alto, o al guardarla, causan que la pulpa pierda consistencia y se torne viscosa.

Si no está en condiciones adecuadas, la pitaya se descompone muy rápido y puede llegar a ser dañina si se consume echada a perder.

Lo complicado de su conservación, es la principal objeción para que las pitayas puedan ser comercializadas más allá de donde llegue una camioneta en unas cuantas horas.

Se han llevado a cabo planes de mandarlas al extranjero, pero no se conoce aún un proceso de conservación efectivo.

En mayo de 2017, se enviaron 800 kilos de pitaya a Estados Unidos, como el primero de dos embarques de prueba que pretendían abrir el mercado en el país vecino.

Sin embargo, la experiencia no fue exitosa, pues si bien los productores jaliscienses cumplieron todas las regulaciones fitosanitarias para poder exportar, sólo llegaron bien 30 por ciento de las pitayas, cosa que los exportadores atribuyen al proceso de irradiación al que el Departamento de Agricultura de EU sometió el cargamento, y habría derivado en la maduración prematura de la de por sí delicada fruta, descomposición que crea líquidos, primero, y luego colonias de hongos indeseables.

Las pitayas quedan, pues, como patrimonio exclusivo de quienes vivan cerca de su zona de producción y de las poblaciones hasta las que llegan los techalutenses a venderlas.

Y bien: ¿Qué nutrientes y beneficios tiene el comer esta fruta del calor jalisciense? Las pitayas son diuréticas, con lo que ayudan a reducir el exceso de líquidos en el organismo; ayudan a combatir la anemia y tienen una cualidad peculiar, pues contienen proteína (un 6 por ciento, aproximadamente), algo que no es común en las frutas y menos aún en las cactáceas.

Atribuyen a su consumo ayuda para regular el azúcar en la sangre, con lo que sería benéfica como alimento que prevendría la diabetes.

Como tiene altas cantidades de fibra, es buena para la digestión.

Las pitayas contienen betalainas, que además de darles los llamativos colores rojos y amarillos tienen altas propiedades antioxidantes, por lo que consumirlas ayudan a que quien la ingiere envejezca con más lentitud.

Tiene, también, Vitamina C, por lo que su beneficio a las vías respiratorias, es grande, además que contribuye al buen funcionamiento del sistema inmunológico.

Su consumo aporta agua y minerales al cuerpo, con lo que tiene efectos energizantes, además de mejorar el aspecto de la piel.

Por lo anterior, no dude en consumir pitayas, si las tiene a la mano. Si no es por todos sus beneficios, hágalo tan sólo por disfrutar el delicioso sabor de la más jalisciense de las frutas.

No se arrepentirá.

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