La experiencia 360 de Tequila La Cofradía

Lo más llamativo no es solo ver el paisaje lleno de agaves y de enormes barriles, sino la más reciente y exitosa adición de su dueño: Hotel de Barricas.

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Tequila, Jalisco.- Si algún día visita las instalaciones de Tequila La Cofradía, en Tequila, Jalisco, no sería raro que lo recibiera a Usted su propietario y, sin más, le diga: «Mucho gusto, soy Carlos Hernández, y trabajo de dueño de aquí«.

Roto el hielo así, sin más, comienza la visita de una marca que ha sabido innovar en el competido mundo del tequila. Hernández, quien pertenece a una familia de tequileros por generaciones, ha logrado que se hable de sus productos en México y en el extranjero.

Lo más llamativo es, tan sólo al entrar, ver el paisaje lleno de agaves y de enormes barriles, que no son otra cosa que la más reciente y exitosa adición de su dueño: es Matices, Hotel de Barricas, el único en que los huéspedes pernoctan en habitaciones con forma de barrica tequilera, y que ha recibido universal aclamación por su originalidad.

Antes, el hotel boutique se limitaba a cuatro habitaciones, pero la intuición del propietario de La Cofradía le hizo pensar en la construcción de su idea de barriles monumentales. Esa es una parte de lo que se experimenta en sus instalaciones.



El recorrido comienza en los hornos de la fábrica de tequila, donde los visitantes son invitados a partir un corazón de agave tal como lo hacen los jimadores. Cosa más fácil de decir que de hacer, dicho sea de paso.

Los jimadores, trabajadores especializados en cortar las pencas del agave para dejar únicamente el centro de la planta para su cocimiento al vapor, logran su propósito en dos o tres golpes de la coa, mientras que un turista no lo consigue casi ni por equivocación.

El agave cocido pasa al molino que separa las fibras restantes del jugo, dulce y delicioso, que se acumula en grandes toneles sin tapa para su fermentación.

Una vez fermentado, el tequila resultante (el verdadero tequila tiene 60 grados o más en la escala Gay Lussac y es dado en degustación para los amantes de las bebidas muy fuertes) se rebaja para su venta y exportación a todo el mundo.



Los tequilas de La Cofradía son, casi todos, para exportar, ya sea con sus marcas o en las numerosas maquilas que les encargan producir.

De la fábrica de tequila sigue la factoría de cerámica, donde la marca diseña y hace todas las botellas que se usan para envasar sus bebidas.

Antes, esa labor la hacían en Tonalá, pero tras adiestrar a sus propios alfareros, el proceso se llevó a las instalaciones de la tequilera.

Después, está el museo en donde muestran botellas, herramientas, implementos y desarrollo del mundo tequilero tanto de marcas propias como ajenas (la mayoría de las familias que hacen tequila están emparentadas).



Luego de eso, la visita a la cava es obligada, por ser un precioso edificio construido alrededor de árboles vivos de mango que siguen produciendo fruta. Adentro están, rigurosamente acomodados y clasificados, los cientos de barriles de tequila que esperan su punto óptimo de maduración.

Dentro se pueden comprar los productos tanto de la fábrica alfarera como de tequilas de la casa.

De la cava se llega a la Taberna del Cofrade, un restaurante subterráneo, que ya tiene su contraparte diurna encima, en el que se disfruta excelente comida y tequila de la casa hasta decir «ya no quiero».

En el lugar hay presentaciones de mariachis, bailes, cantantes y, pero cómo no, el brindis con tequila especial que el propio Don Carlos carga en una damajuana tequilera (botella de vidrio donde antes se transportaba el tequila) para que los comensales lo prueben y disfruten.



La Cofradía tiene, además, una cantina de tres ambientes en pleno centro de Tequila, en la que, sin duda, quien así lo desee va a pasar horas muy divertidas.

Son un total de 29 experiencias con las que cuenta esta marca para que sus huéspedes tengan una visita inolvidable en el paisaje agavero.

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