Sayula/Jalisco/Noticias.- Juan Rulfo, el hijo más destacado de Sayula, Jalisco, hizo muchas cosas, además de ser escritor. Llama la atención que una obra tan mínima como la suya, consistente en sólo dos libros, algunos guiones de cine y poco más, le valieran su entrada a la literatura mexicana y universal.

Era, se dice, se carácter introvertido, ello debido a su infancia. Perdió a su padre a los cinco años, en medio de los vaivenes de la Guerra Cristera cuando el hijo del presidente municipal de Tolimán (el último poblado jalisciense antes de entrar a Colima) le disparó por la espalda, en 1923.

Su madre murió en 1927, por lo que fue internado en una escuela de Guadalajara. Luego estuvo en un orfanato que le dejó muy malos recuerdos. Por eso, el rumbo que tomó su vida llama la atención.

Está en disputa su lugar de nacimiento

Aunque el acta que da fe del nacimiento de Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno dice que nació en Sayula, la vecina comunidad de San Gabriel y en particular su delegación Apulco son señaladas como sus verdaderos lugares de nacimiento.

El punto más probable para su alumbramiento habría sido Apulco. La confusión viene a partir de que la familia Rulfo tenía casas en los tres poblados.

Juan Rulfo era descendiente de familias adineradas

Es conocido que la familia Rulfo era de la rica clase alta de Sayula. Por su parte, también los Vizcaíno eran económicamente poderosos. Sin embargo, si era rico, nunca hizo alarde de ello.

Al contrario: podría decirse que siempre tuvo empleos de poca monta, como ser archivista de la Secretaría de Gobernación, trabajo en el que viajó por el país. Luego fue agente de migración, de regreso en Guadalajara, pues antes vivió en la Ciudad de México.

También trabajó en el Instituto Nacional Indigenista y en la Comisión de Papaloapan.

Para escribir sus obras echó mano de becas del Centro Mexicano de Escritores, por lo que gracias a eso dejó su empleo en una fábrica de neumáticos.

Las opiniones sobre su obra

Otros escritores se desviven en elogios cuando hablan de su novela «Pedro Páramo» o de su recopilación de cuentos «El Llano en Llamas«.

El ganador del Nobel, Gabriel García Márquez, le achaca directamente haber sido la influencia principal para escribir su obra maestra, «Cien Años de Soledad«, al realismo mágico de Rulfo.

La escritora estadounidense Susan Sontag dijo de Rulfo y su novela que «La novela de Rulfo no es sólo una de las obras maestras de la literatura mundial del siglo XX, sino uno de los libros más influyentes de este mismo siglo».

Otro laureado escritor, el argentino Jorge luis Borges, expresó sobre «Pedro Páramo«: «‘Pedro Páramo’ es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aún de toda la literatura».

El famoso escritor mexicano Carlos Fuentes, incluso, escribió un ensayo sobre la novela de Rulfo.

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Pero tal vez el mayor elogio a Rulfo y su obra es la mini fábula del escritor guatemalteco nacionalizado mexicano Tito Monterroso, quien le dedicó «El Zorro y sus críticos«, tras la decisión de Rulfo de no volver a escribir más libros:

«Un día que el Zorro estaba muy aburrido y hasta cierto punto melancólico y sin dinero, decidió convertirse en escritor, cosa a la cual se dedicó inmediatamente, pues odiaba ese tipo de personas que dicen voy a hacer esto o lo otro y nunca lo hacen.

«Su primer libro resultó muy bueno, un éxito; todo el mundo lo aplaudió, y pronto fue traducido (a veces no muy bien) a los más diversos idiomas.

«El segundo fue todavía mejor que el primero, y varios profesores norteamericanos de lo más granado del mundo académico de aquellos remotos días lo comentaron con entusiasmo y aun escribieron libros sobre los libros que hablaban de los libros del Zorro.

«Desde ese momento el Zorro se dio con razón por satisfecho, y pasaron los años y no publicaba otra cosa.

«Pero los demás empezaron a murmurar y a repetir “¿Qué pasa con el Zorro?”, y cuando lo encontraban en los cocteles puntualmente se le acercaban a decirle tiene usted que publicar más.

«-Pero si ya he publicado dos libros -respondía él con cansancio.

«-Y muy buenos -le contestaban-; por eso mismo tiene usted que publicar otro.

«El Zorro no lo decía, pero pensaba: “En realidad lo que estos quieren es que publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer”.

«Y no lo hizo».

Los parientes famosos de Rulfo

La fama del escritor ha salpicado la labor de algunos de sus parientes. Juan Carlos Rulfo, su hijo, es cineasta, mientras que el actor Manuel Pérez-Rulfo, hijo de uno de sus primos segundos, es un tapatío que ha destacado en producciones de Hollywood, que en pantalla ha estado en plan estelar en cintas como «The Magnificent Seven», con Denzel Washington, Chris Pratt, y ha compartido pantalla con Jennifer Aniston, Anna Kendrick, Adriana Barraza, Sam Worthington, William H. Macy, Judy Dench y otras muchas estrellas.

Juan Rulfo fue fotógrafo destacado

Solamente hasta que Rulfo falleció sus parientes se dieron cuenta de una caja llena de negativos fotográficos que jamás se habían impreso. Una vez revelados, dieron cuenta de la pericia del escritor con la cámara. Vayan estas imágenes como muestra:

Juan Rulfo y el nombre «Lupita»

Cuando el reportero elaboró las ilustraciones del texto «Guadalajara para Niños», hecho por el Profesor Luis Enrique Navarro Hidalgo para el Ayuntamiento de Guadalajara con motivo del aniversario de la ciudad, en 2001, éste le contó que era amigo personal del escritor, por lo que vivió de primera mano una anécdota hilarante.

Contaba Navarro Hidalgo que en una ocasión estaban tomando tequilas, Rulfo, él y un grupo de amigos comunes. En un punto de la tertulia, a Rulfo le vino la siguiente pregunta: «¿Por qué ninguna prostituta se llama Lupita

Razonaba que tenían nombres como Rubí, Magnolia, Edén, y otros por el estilo, pero no Lupita. Al menos, él no había encontrado a ninguna.

Por ello, invitó a sus contertulios a buscar a una trabajadora sexual de nombre Lupita. Y así fue que empezaron a recorrer las cantinas del barrio de San Juan de Dios, en Guadalajara.

Una por una, llegaba Rulfo a interrogar a las muchachas por su nombre. Como era de esperarse, ninguna tenía el que él esperaba, por lo que tomaban una copa y seguían a la cantina próxima.

Varias cantinas después, ya cansados de caminar y algo más que ebrios por tantas copas, Navarro Hidalgo dijo a uno de los amigos que se adelantara al siguiente local y que instruyera a una de las chicas a decir que era Lupita, no su otro nombre de trabajo.

Así lo hizo, y al llegar a la cantina Rulfo repitió su pregunta a la muchacha y obtuvo el ansiado nombre: «Soy Lupita».

Ante esto, dijo a sus compañeros: «Señores, esto es un portento. La encontramos. Celebremos», dicho lo cual pidió una primera botella al cantinero.

Y aquello fue quedarse en esa cantina, tomando hasta el amanecer.

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