22 de abril: el día que Guadalajara explotó

Hubo 212 muertos, 69 desaparecidos, 1800 lesionados. Además de mil 142 viviendas, 450 comercios, 100 centros escolares y 600 vehículos afectados.

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Guadalajara/Jalisco/Noticias.-Este jueves se cumplen 29 años de una tragedia que marcó a Guadalajara: la explosión de entre 8 y 12 kilómetros de calles desde la Calzada independencia hasta la zona de Álamo Industrial. Explosiones que, oficialmente, dejaron 212 muertos.

La cifra oficial se antoja inverosímil para el tamaño de la zona que explotó. A esa hora, las calles de la ciudad estaban llenas de gente y hubo quienes se desintegraron al momento de los estallidos.



Pemex, señalada desde entonces como la causante de la fuga de gasolina que fue a dar al drenaje y que por la presión de los gases acumulados causó que los tubos, las calles y todo lo que había encima volaran por los aires. La paraestatal nunca se ha hecho responsable y menos ha pagado las indemnizaciones que desde entonces se le demandan.

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Durante varios días, los vecinos de la ruta fatal de la gasolina y sus gases en expansión reportaron olores fuertes al hidrocarburo. Los reportes a veces los atendió el Sistema de Agua y Alcantarillado (SIAPA).

En general, los reportes fueron minimizados.

Mientras, la gasolina seguía saliendo del gasoducto Salamanca-Guadalajara e iba a dar al drenaje, creando las condiciones fatales para la desgracia.



El diario Siglo 21, que tenía poco tiempo en circulación y revolucionó en su momento el paisaje de los medios tapatíos (antes de desaparecer seis años después por los malos manejos de su dueño), reportó el día de la explosión el riesgo inminente de que ésta sucediera.

A las diez de la mañana los gases de la gasolina acumulada hicieron reventar todo.

El escenario subsecuente fue el caos: calles destrozadas, camiones, trailers, casas, todo destruido. Vehículos de varias toneladas fueron a dar al techo de muchas viviendas.

El entonces gobernador, Guillermo Cosío Vidaurri, actuó de la manera más torpe posible ante la desgracia. En la noche de ese día, el presidente Carlos Salinas de Gortari acudió a la zona de desastre y enfrente de las cámaras le pidió una explicación de lo sucedido. Solo obtuvo balbuceos de parte de Cosío.

Después, Salinas quiso hablar con un damnificado. A alguien le pareció buena idea presentarle a una persona supuestamente habitante de la zona con una calcomanía del PRI, el partido gobernante a nivel nacional y local, para que hablara con el presidente.

Salinas, furioso, arrancó la calca de la camiseta del «damnificado».

Siguió interrogando a Cosío, más enervado por el episodio del supuesto damnificado, y al no haber respuesta coherente, Salinas abofeteó al gobernador.

De eso sólo queda la constancia de quienes vieron el suceso, pues el Estado Mayor Presidencial de inmediato incautó rollos fotográficos y casetes de video de los medios presentes. Quien esto escribe se enteró de ello por los reporteros de «El Informador», donde laboraba entonces.

El 22 de abril acabó con el sexenio de Cosío Vidaurri, quien al poco tiempo pidió licencia y salió del cargo dejando en sustitución a Carlos Rivera Aceves.

El presidente municipal de Guadalajara, Enrique Dau Flores, por quien peleó Cosío su candidatura ante el centro, fue el chivo expiatorio y quien fue a dar a la cárcel por las explosiones. Había gobernado apenas de marzo a abril de 1992, y estuvo ocho meses en prisión.

Los damnificados

A los damnificados, por su parte, siempre se les trató con la punta del pie. Nunca se les resarció lo perdido y los daños físicos y psicológicos derivados de las explosiones.

Una mujer, quien perdió una pierna ese día, ha sido el emblema de su lucha, y así Lilia Ruíz Chávez sigue desde entonces peleando para que haya justicia.

Según el saldo oficial, hubo 212 muertos, 69 desaparecidos, 1800 lesionados, entre ocho y doce kilómetros de calles destruidos; resultaron afectadas un mil 142 viviendas, 450 comercios, 100 centros escolares y 600 vehículos.

Se estima que los daños económicos alcanzaron los 10 millones de dólares de entonces.

Testimonios de esa época decían que cuando retiraban los escombros, llevados al área de la Glorieta del Álamo, emitían fuerte olor a podrido al estar mezclados con restos de personas que fueron despedazadas más allá de cualquier estado de identificación o recuperación.

El 22 de abril es una herida que marcó por siempre a Guadalajara, herida que muchos han olvidado, empezando por quienes la causaron.

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